“Toma mi mano, hija;
con mi consejo, te guiaré.
Toma mi mano, hijo;
con amor, te enseñaré.
Aunque parezca lejos,
un día llegará
En que tendrás que
seguir sin escuchar a tu mamá.
Porque el tiempo es
corto; porque un día, me voy,
Hay tanto que quiero
decir; mi corazón, te doy.
Aléjate del mal; trabaja
con la unidad.
Siembra siempre el
amor; la paz; camina con bondad.
No te afanes—las riquezas
todas perecerán
Y el dolor no dura;
las tristezas pasarán.
Aférrate a Dios: El
nunca te defraudará
Y en Sus brazos, mi
amor aun así tendrás.
Te amo, mi tesoro; ten
ánimo y paz.
Sea fuerte—valiente—seca
ya tus lágrimas.
Y en la mañanita—mas allá
que hoy—
Allá, te esperaré; ten
fe; al Salvador, me voy.”
Te amo, Ama. Todavía, te puedo escuchar diciendo, “Ay, mi muñeca
valiente; como se parece a mi,” y sé que sería un honor tener la mitad del amor que
tenías latiendo en tu corazón para los demás; tu deseo de luchar contra la injusticia;
tu pasión para buscar de Dios. Gracias
por haberme dejado una mamá y 7 tías quienes buscan de Dios como tú les
enseñaste cuando aun eran pequeñas; por como nos acuerdan de buscarle a El
porque todavía esta en Su trono y todo va a estar bien. Veo tu amor en ellas. Un
día nos volveremos a ver y mientras tanto, te recuerdo y te amo; feliz día.

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