viernes, 15 de agosto de 2014

Salmos 22:30 Las generaciones futuras le servirán, y hablarán del Señor a la generación venidera.

“Toma mi mano, hija; con mi consejo, te guiaré.
Toma mi mano, hijo; con amor, te enseñaré.
Aunque parezca lejos, un día llegará
En que tendrás que seguir sin escuchar a tu mamá.
Porque el tiempo es corto; porque un día, me voy,
Hay tanto que quiero decir; mi corazón, te doy.
Aléjate del mal; trabaja con la unidad.
Siembra siempre el amor; la paz; camina con bondad.
No te afanes—las riquezas todas perecerán
Y el dolor no dura; las tristezas pasarán.
Aférrate a Dios: El nunca te defraudará
Y en Sus brazos, mi amor aun así tendrás.
Te amo, mi tesoro; ten ánimo y paz.
Sea fuerte—valiente—seca ya tus lágrimas.
Y en la mañanita—mas allá que hoy—

Allá, te esperaré; ten fe; al Salvador, me voy.”

Te amo, Ama.  Todavía, te puedo escuchar diciendo, “Ay, mi muñeca valiente; como se parece a mi,” y sé que sería un honor tener la mitad del amor que tenías latiendo en tu corazón para los demás; tu deseo de luchar contra la injusticia; tu pasión para buscar de Dios.  Gracias por haberme dejado una mamá y 7 tías quienes buscan de Dios como tú les enseñaste cuando aun eran pequeñas; por como nos acuerdan de buscarle a El porque todavía esta en Su trono y todo va a estar bien. Veo tu amor en ellas. Un día nos volveremos a ver y mientras tanto, te recuerdo y te amo; feliz día.

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