viernes, 1 de agosto de 2014

Salmo 84:4-7

"Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti, cuyo corazón se fija en el viaje. Cuando pasan por el valle de Baca (lágrimas), lo convierten en rios; la lluvia también llena todos los estanques. Ellos van de víctoria en víctoria; Cada uno verá el rostro de Dios en Sión ". Hay un himno viejo que dice: "Hay un bálsamo en Gilead que sana al dolido.. Hay un bálsamo en Gilead que libera al alma enfermo del pecado. Si no puedes cantar como David, si no puedes predicar como Pablo, simplemente dile al mundo de Jesús y diles que Él murió por todos ".

Cuando viajo, miro alrededor y veo el dolor de los demás. Me rompe el corazón. Me da ganas de llorar, a veces, como Jesús lloró por Jerusalén; veo a un mundo entero luchando contra el cielo mientras que, todo el tiempo, Dios está anhelando recogernos en Sus brazos.   No tengo ninguna explicación para el sufrimiento. No tengo ninguna explicación para las circunstancias dolorosas. Sólo sé que prefiero pasar por en medio de las pruebas con Sus brazos alrededor de mí; Prefiero escuchar su canción silenciando el grito en mi interior que caminar cada paso rechazando Su gran amor.  
Algunos "soldados valientes" están en la línea del frente de la batalla, todavia de píe luchando por lo que creen y rehusando renunciar. Ellos alaban a Dios en medio de cualquier circunstancia sabiendo que la meta es mantener la mirada en Dios y en la peregrinación. Estamos aca en este mundo y tratamos de brillar con la luz de Dios en medio de la oscuridad, pero este mundo no es nuestro hogar. Creemos, y oramos, y esperamos, y vemos la víctoria de Cristo inclusivo en las cosas más pequeñas. Levantamos nuestros ojos hacia el cielo, de donde viene nuestra ayuda (salmo 121) cuando la vida diaria nos quiere tambalear. Jesus es fiel. Él nos ha hecho más que vencedores. Él ha resucitado, y por lo tanto nosotros también.                                            
Y en nuestros caminos, oramos por los que no le conocen a Él. Lloramos con ellos, y nos reímos con las alegrías que sienten. Tratamos de mostrar con el ejemplo que cada uno de ellos no está solo: cada uno es importante; valorado; amado. Empiezo este blog como un medio de animar tanto a los "pecadores" como a los "santos" (que todos hemos sido ambos): Hay un Hogar no de este mundo. Escribo para decir: "Vamos adelante a traer vida a los que se sienten muertos. Vamos a compartir la esperanza con los desesperados. Vamos a compartir la libertad con los cautivos." Y cuando no podemos cantar o predicar; cuando sentimos pesadez, o dolor, o temor; pongámonos otra vez de píe.  Sigamos adelante.  En esos momentos, con cada respiración todavía vamos a decir: "Voy a decirle al mundo de Jesús y decir que él murió por todos."






No hay comentarios:

Publicar un comentario