Me levanté, hoy, cantando la canción, “Cuando
enfrentas a una lucha que despedaza todos tus sueños, y tu esperanza ha sido
aplastada por la maquinación del enemigo, y sientes la tendencia de someterte
al temor, no dejes que tu fe desaparece en el dolor. Gloria a Dios. Puede trabajar en los que lo alaben; gloria a
Dios. En nuestra alabanza habita
El. Gloria a Dios. Las cadenas que te amarran solo sirven para
recordarte que se caen detrás de ti cuando lo alabe a El. Satanás
es un mentiroso y nos quiere hacer creer que somos mendigos cuando sabe bien
que somos hijos del gran Rey, así es que levanta tu escudo, porque la batalla
hay que ganar. Sabemos que Jesús resucitó;
el trabajo hecho está. Gloria a
Dios. El trabaja en los que lo alaben. Gloria a Dios.
Nuestra alabanza habita El. Gloria a Dios, porque las cadenas que te
amarren solo sirven para recordarte que se caen detrás de ti cuando lo alabe a
El…Gloria a Dios."
Entre mas vivo, mas veo que los monstruos que temíamos
en nuestros “closets” y debajo de nuestras camas son reales y están alrededor.
Son mucho más aterradores de los que pudiéramos haber inventado como niños; están
mas cerca y la parte más aterrador es que viven en medio de nosotros. Y porque muchas veces hasta están DENTRO de
nosotros si no ejercemos cuidado—los celos; el egoísmo; la terquedad; la
inseguridad; la ira—llega a ser más y más difícil discernir, en veces, lo bueno
de lo malo y lo precioso de lo vil entre más viejos y más “cómodos” en nuestras
formas de ser nos ponemos con la vejez.
Pero así como son reales los monstruos, también, los héroes: ellos, también,
viven entre nosotros, y dentro de nosotros, y los conocemos todos los días: la
bondad; la compasión; la misericordia; el perdón; el poner nuestras vidas por
los demás sin obligarles hacer lo mismo ni esperar nada a cambio. Cada día decidimos: vencer a los monstruos o
llegar a ser como ellos...como individuos; parejas; familias; iglesias;
naciones, y líderes, y cabezas de estado.
Como niños, sabíamos que nada nos podría pasar una vez que los monstruos
eran “espantados” del closet, y el área debajo de la cama debidamente inspeccionado;
la oscuridad se mantenía alejada, y nos dormíamos en la seguridad de saber que
la gente en autoridad sobre nosotros nos mantendrían “a salvos” (por lo menos,
en un mundo ideal; se que por muchos, la realidad era otra por las mismas
razones explicadas, acá). Crecemos, y
nos olvidamos que lo malo es “malo”, y lo bueno es “bueno”; permitimos al temor
crecer y cimentarse en nuestros corazones con cada circunstancia; se nos olvida
lo que una vez anhelábamos y creíamos cuando éramos pequeños.
¿Te puedes acordar de tiempos en tu niñez cuando
cantabas en la oscuridad a toda voz? ¿Te puedes ver agarrado
de la mano de alguien a quien amabas, y sentir con esa mano la sensación de
estar “a salvo” volver? ¿O si nunca
experimentaste eso, puedes acordar el anhelo de tenerlo, y imaginarlo leyendo
estas palabras, acá? Hay tantas cosas
ocurriendo en nuestro mundo. Viene a mi
mente constantemente con la gente que aconsejo y las situaciones donde trato de
intervenir en lo que me sea posible. De
Tailandia hasta Tahití, hay peligros, y dolores, y violencia, y opresión—si no
en una escala nacional, detrás de las puertas cerradas en casas
individuales. Hay niños abandonados;
gente pobre esperando respuestas; gente enferma esperando sanidad;
quebrantamiento de corazón; soledad; desesperación tan oscura que sobrepasa la
oscuridad que enfrentábamos debajo de nuestras camas infantiles: llega a ser
tan “real” en nuestros mundos adultos. 




