"He
ido tan lejos de mi casa. He visto el mundo y he conocido tantos secretos que
deseo ahora no saber. Se han alojado en mi corazón y me han dejado frío y
oscuro y sangrando; sangrando y despedazado. Todo el mundo me decía que los grandes no lloran, pero yo he estado alrededor
lo suficiente para saber que esa es la mentira que retenga las lágrimas en los
ojos de un millar de hijos pródigos. Y en ser tan duros, ya no nos sentimos
niños; hemos pecado y envejecido. Nuestro
Padre aún espera y vela en el camino para ver a los chicos que lloran corriendo
de nuevo a sus brazos. Ser niños otra vez. He visto el oro corromperse: he visto
lo mejor que alguna vez fue, y voy a decirles que no vale lo que cuesta.
Recuerdo la casa de mi padre. ¿Qué no daría ahora mismo sólo para verlo y
escucharlo decirme que me quiere tanto? Todo el mundo me decía que los grandes
no lloran, pero he estado alrededor lo suficiente para saber que esa es la
mentira que retenga las lágrimas en los ojos de un millar de hijos pródigos. En
ser duros, ya no nos sentimos niños; hemos pecado y envejecido, y nuestro Padre
aún espera y vela por el camino para ver a los chicos que lloran corriendo a sus brazos otra vez. Cuando pensé
que estaba solo, era Su voz que oí que llamándome a casa y ahora, me pregunto: Señor,
¿qué fue lo que me hizo esperar tanto tiempo? ¿Qué te hizo esperarme tanto?
¿Fue tu amor más fuerte que mi orgullo y dolor? Llévame en Tus brazos de nuevo; déjame ser ya tu
hijo porque he estado quebrantado, y ahora he sido salvado. He aprendido a
llorar; he aprendido cómo orar, y estoy aprendiendo. Estoy aprendiendo incluso
puedo ser cambiado... ser niño otra vez. “(por Rich Mullins)
He estado
pensando, últimamente: es un tiempo de cambio. Y ésta no es la primera
temporada así que hemos tenido; como dijo Salomón en el Eclesiastés: "No
hay nada nuevo bajo el sol. Lo que ha sido será, una vez más." En mi
corazón, siento una cierta pesadez aun mientras que miro con alegría a todo lo
que Dios está haciendo alrededor. Lo veo esperando con brazos abiertos para traernos cerca, y secar
cada lágrima y susurrar Sus promesas tiernas y verlas cumplirse. La pesadez que
siento son todas esas cosas que nos mantienen lejos de esos lugares donde Dios
anhela llevarnos. Él anhela darnos descanso, paz, y libertad, pero nuestras
propias ideas acerca de lo que se requiere de nosotros nos mantiene en un lugar
de miedo, o fracaso, o tratando de tener
todo "justo así." Nos alejamos de la grandeza—convencidos de que tarde
o temprano vamos a caernos, o aceptamos a un papel de liderazgo que nos lleva
más y más a una necesidad de nunca fallar. En todo esto, veo hombres y mujeres llenos
de destino ocultar sus lágrimas de los demás; los veo luchar por su propia
cuenta; veo luces explotar en brillantes colores solo para apagarse con un
último grito desesperado. "Cómo han
caído los valientes en Israel!"
El Rey Saúl
nunca fue convencido de poder ser rey. Se escondió de la responsabilidad cuando
Dios lo llamó, y luego se escapó de las instrucciones de Dios con el fin de
hacer las cosas de una manera "mejor" (en su mente) por la
inseguridad y el temor. Ese mismo miedo al fracaso que motivó a Saúl a esconderse
cuando Samuel vino a ungirle como rey es lo mismo que le causó retener el botín
de guerra en un intento de "grandeza" y luego esconderse de lo que
había hecho. ¿Cuántos líderes huimos de la vulnerabilidad; de la transparencia;
de la dependencia del Señor? ¿Cuántos corremos hacia el esfuerzo; el
perfeccionismo; el temor al fracaso; el hacer todo para ser "más grande";
"más rápido"; “más ungido;"
“el mejor”? Incluso la santidad, y el estudio privado, y la oración individual
luego se convierten en una forma de "exigirnos", y cada vez menos un
lugar de descanso donde podemos simplemente ser amados y por el amor caminar en
luz y en libertad.
Lloro por
Robin Williams que entretuvo el mundo, pero nunca encontró a quien pudiera darle
respuestas o secar sus lágrimas. Lloro por Whitney Houston, quien cantó de
Jesús, y del amor, pero nunca logró bajar la guardia y dejar que el amor la
rescatara. Lloro por la soledad de ellos; lloro por las luces que se apagan.
Lloro por John Lennon quien pidió misioneros en Asia, “Enséname la verdad."
Y por ellos que se sentían que no podían
ayudarlo. Lloro por los líderes cristianos que luchan para ayudarles a otros al
mismo tiempo que luchan por dentro con el pecado y el dolor privado; que no se
atrevan a buscar ayuda por temor a que serán "más débiles": Lloro por
aquellos que luchan para encontrar identidad, y por los que tienen miedo de no
ser capaces de cambiar; por los que dicen "así es como soy, y Dios me ama;
me quedo así." Lloro por ambos
extremos, y por las ovejas en medio sin pastor innecesariamente mientras Jesús llorando
espera para reunirlos en Sus brazos y hacerlas Suyo.
David exclamó
cuando sus hermanos lo acusaron de "jugar" a ser un soldado ante las
amenazas de Goliat, "¿Qué he hecho? ¿No es esto merito hablar?” En todo el
mundo, los bebés se están muriendo; hombres y mujeres jóvenes son vendidos como
esclavos o atraídos por las drogas o la prostitución, y en las iglesias el compromiso
comienza en las cosas pequeñas, con lo que ponemos en la televisión o
escuchamos para escapar del dolor: las palabras que nos permitimos decir (fluyendo
del dolor o ira); la distancia que ponemos entre nosotros y los que nos aman;
las opiniones que invitamos gobernar como si esas mismas opiniones fueran Dios. ¿Donde están los niños en Dios; los hijos e hijas que se levantan para
caminar cómo El nos enseñó? Jesús
reprendió a los fariseos diciendo: "¡Escudriñen (ansiosamente estudiando
y memorizando) las Escrituras, porque piensa que les dan vida y son ellos los
que testifican de Mí!" En otras palabras, podemos hacer todas las cosas
correctas y nunca tener la paz y el descanso; podemos estudiar diligentemente Sus
Palabras sin dejar que esas misma Palabras traen intimidad y vida a nuestra
relación con Él y de allí a las relaciones que nos rodean.
Así que,
¿cómo sabemos si verdaderamente lo conocemos o estamos simplemente “siendo
fuerte”; cómo saber si sólo somos sus siervos, o si hemos dejado que nos convierta
en "hijos" (“niños” otra vez)? La respuesta está en lo siguiente: Cuando
dejemos de decir, "Tengo que hacer más"; "Tengo que lograr entrar
en Su Presencia"; "Tengo que ser fuerte," y empezamos a decir:
"Jesús te elijo a ti. Gracias por ayudarme a crecer. Gracias por lo que
estás haciendo en mí. Gracias por lo que ya has hecho. Gracias porque tu Presencia
siempre está conmigo; ayúdame a tomar tiempo para detenerme y ver lo mucho que ya
estás aquí”.
Hay un
lugar de descanso en Él-un lugar donde dejamos de luchar. En ese lugar, hacemos aún más cosas de lo que hacíamos
antes; vemos mayor fruto que nunca. Pero todo está saliendo de una relación con
Él; creciendo como bebés que crezcan apoyándose en el pecho de su mamá. Cada
bebé (en un mundo "perfecto") aprende a hablar, y gatear y caminar, y
comer, y dormir, y luego trabajar y jugar, y crecer, y soñar. Que nunca seamos
demasiado grandes como para llorar como hacen esos bebés, pero que nunca nos
aferremos a ser niños por miedo de crecer, y, posiblemente, de tropezar. Él nos
cuidará; nos enseñará; nos llevará, y para seguir adelante, solo tenemos que
tener el valor de decir: "Jesús (no mis obras; no mi orgullo; no mi
grandeza; no mis relaciones o ministerio, o reputación, o éxito), JESUS eres todo lo que necesito
".
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