lunes, 4 de agosto de 2014

Juan 8:32 "Y conocereis la verdad..."



Últimamente, he estado pensando acerca de la verdad. Pilato dijo en un grito de desesperación: "¿Qué es la verdad?" Enfrentado con la posibilidad de que todo lo que había conocido antes había sido una mentira ante el amor y el sacrificio de Jesús, Pilato decidió alejarse y volver a la normalidad. Sin embargo, nunca podría decir después que no había visto—aunque sea por un momento—la verdad. El Rey Agripa hizo lo mismo años después escuchando la misma verdad por medio de Pablo. Enfrentado con las cadenas de Pablo y el precio de la "libertad", Agripa decidió quedarse en la esclavitud - capturado por  cadenas mucho más profundas y mucho más difíciles de ver. ¿Cuál de los dos era realmente libre? Agripa exclamó: "Casi, me persuades a ser un cristiano." Como dice Isaías 44:20, Agripa, engañado por las preocupaciones de este mundo y alimentándose de cenizas (las riquezas fugaces de un reino en decadencia, y el prestigio y el honor dado por el hombre perecedero), no podía llevarse a preguntar "¿Es esto lo que tengo en mi mano derecha (en la más alta estima) una mentira?"
 Jesús dijo que Él es el Camino, la Verdad y la Vida y que nadie viene al Padre sino por él. El Padre nos ama tanto que ha dado una manera de volver a la Verdad y volver al centro de Su corazón. Por la crucifixión y resurrección de Jesús, Él pagó el precio para que caminemos con Él de nuevo. Su bendito Espíritu Santo nos advierte cuando vamos a la izquierda o a la derecha, y nos mantiene constante y firmes para seguirlo a El. Algunas personas dicen que Dios no nos puede amar fuera de Jesús. Yo digo que Dios nos amó tanto, que entregó lo que era más precioso para El para  rescatarnos. Jesús dijo que Él no puede hacer nada que no ve hacer el Padre. Eso significa que el amor que vemos en Jesús - Su vida; Su misericordia; Su compasión; Su fidelidad - es lo que Dios el Padre siente por nosotros. Dios no es un ser distante; celoso; esperando aplastarnos cuando nos equivocamos. Al contrario, si se dice que Dios es un Dios celoso, quiere decir que como un Padre amoroso, Él desea que nosotros le conozcamos; que no nos dejemos engañar por las trampas de este mundo.  El quiere quitar lo que impide las cosas que El nos quiere dar; cosas que nos duran más que los placeres temporales que tratamos tanto de alcanzar. Él anhela llevarnos a Su lado y enseñarnos lo que realmente importa; El lucha contra todas las mentiras, y los ídolos y falsos gobernantes que aceptamos: contra ellos, El guerrea y truena; pelea "celosamente" para atraernos de nuevo a Él donde finalmente encontramos lo mejor.
Jesús recogió al perdido y al herido; volcó las mesas de los mercaderos en el templo y luchó contra los fariseos. Declaró Su casa una casa de alabanza. Habló contra el pecado, y luchó por la verdad; lloró por los pecadores, mientras que regañaba a los "santos" que “no necesitaban” a El. ¿Qué nos dice eso, hoy en día? Debemos defender la verdad y la libertad con nuestro ejemplo. Debemos denunciar el pecado, pero amar al pecador. No debemos callarnos ante la injusticia; la burla; el sarcasmo; ante el control o la religión que impone demandas sobre nosotros sin enfatizar una relación con Jesús.  Somos enemigos de los  ídolos que tomarían el lugar de Dios en nuestros corazones, pero no estamos destinados a juzgar y acusar; a dejar que nuestro orgullo nos dice como los demás deben de actuar. Jesús dijo en Mateo 24, que llegaría el día en que la gente podría pensar que la traición, el juicio, la crítica y la búsqueda de errores ("entregar" el uno al otro para ser crucificado) se hacían en nombre de Dios. Que Él nos libere de ser así.

Si es cuestión de pecado, que nos escuchen marcando una diferencia. Si es cuestión de injusticia, que nos escuche hablando por los que no se pueden defender. Contra la desesperanza, que traigamos esperanza. Contra el sarcasmo y la intimidación, que hablemos con la paz y el amor. Pero si se trata de esclavizar y dictar a los demás, seamos silencio. Si se trata de hacer que otros se sientan inadecuados o "perdidos" por nuestras opiniones, que traigamos  la misericordia y la compasión. Que sólo se escuche nuestra voz echando fuera la oscuridad, pero nunca destruyendo la belleza que Dios ha puesto dentro de cada persona que El creó. ¿Podemos ponernos la vida unos para otros? No nos comprometamos con pecado; burla; sarcasmo; indiferencia; control; religión; el odio; la opresión, pero seamos ", tardos para hablar, listos para escuchar, y rápidos para perdonar." Que todo  lo que hagamos trae  libertad, y que realmente, "conoceremos la verdad, y la verdad (nos) hará libres" (Juan 8:32).

No hay comentarios:

Publicar un comentario