"No todos los que andan vagando
están perdidos..." (J. R. Tolkien)
Me encanta este poema. Lo vi por primera
vez cuando yo estaba viajando de regreso a Costa Rica desde Israel, a través de
Alemania, después de haber ido primero a Holanda para visitar a una amiga muy
querida. Yo también había ido, ese año, a México, California, Nicaragua y
Panamá – sin contar las ciudades y caminos y vías que había travesado en Costa
Rica. A veces, yo andaba sola. A veces, me encontré con amigos y familiares, y
con miembros de la iglesia, y a gente que nunca había visto antes en mi vida. Mis
favoritos eran los tiempos que me dijeron cosas como: "Vaya fuera del
aeropuerto a buscar un carro plateado y una persona pelirroja, y al
encontrarla, móntate en el vehículo." "Cambie esta cantidad de dinero
en esa ventanilla; sal fuera para encontrar a este taxi específico, tómalo a
este lugar y nos vemos allí." "Busque un pastor que sostiene una Bíblia en un banco en la plaza central." Esos siempre eran llenos de
aventura, y oraba para no soltarme de la mano de Dios. El me sostenía fuertemente a mí. En esos
momentos, haciendo caso omiso de las mariposas en mi estómago y respirando
profundamente, me lanzo al aire (tratando de seguir cuidadosamente las
instrucciones que tengo en mis manos).
Por lo tanto, me tuve que reír con el
mensaje del rotulo en el aeropuerto de Tel-Aviv. En palabras sencillas (“No
todos los que andan vagando están perdidos”), me decía a mi: "Sí, querida,
eres una vagabunda. Andas por arriba y por abajo, y por todos lados. Pero en tu
caso, no estás huyendo. No se está escondiendo. Usted no se ha perdido."
Mi abuela me dijo en una carta a los 15 años que su mejor recuerdo de mí es
cuando estuve yo en un vestido azul con 3 añitos buscando dulces de la Pascua
en sus arbustos en Royston, GA. Dijo que sabía, de alguna manera, en ese
momento que yo iba a enfrentar ese gran "desconocido" de la vida en
busca de esas almas perdidas y "tesoros escondidos en la oscuridad"
para traerlos de vuelta a la presencia del Rey (Jesús). Salmo 84: 5 dice que
estamos bendecidos si nuestros corazones están puestos en peregrinación (el
viaje): ya que sea viajes a África, o a la tienda de la esquina. Tenemos el
gozo de recordar que la vida es un viaje, y nos acercamos cada día más a
nuestro “Hogar” que los ojos terrenales no pueden ver.
Así es que, un saludo y un aplauso para
los viajeros; los soñadores; los exploradores; los suficientemente valientes
para tocar la puerta de su vecino y decirle: "Te traje este pastel sólo
para decirle, ‘Tú eres importante a Dios.’” Sigan adelante en la aventura: cada
vez más cercano al centro del corazón de Dios. Que puedas sentir la brisa de la
costa distante del Jordán llamándole hacia adelante mientras navega tu destino.
Andas seguro en las manos de un Rey quien dejó Su Reino para “vagar” por este
mundo en búsqueda de ti. No estás
perdido. No andas sin dirección. Un mapa esta tatuado en tu ser; te mueves
siempre adelante hacia un día en que "El que por un momento anda vagando
un día en casa estará.”

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