viernes, 8 de agosto de 2014

“Bienaventurados son cuando les acusan falsamente de toda clase de mal por mi causa. Mateo 5:11”

Leí algo, hoy, que me entristeció y me hizo pensar. En algunas partes del mundo, están poniendo los rostros de los pastores y los fieles cristianos en la televisión con nada más una frase, "enemigos del Estado." Entonces son rechazados y prohibidos entrar en muchos lugares, y los vecinos e inclusivo miembros de la familia de estos cristianos no quieren tener nada más que ver con ellos simplemente por una declaración (sin evidencia), "enemigos del Estado." Estaba triste por estos creyentes, pero a pesar de lo difícil que  la vida puede ser para ellos, yo estaba aún más triste por otro grupo de personas. Me entristeció por la creciente tendencia a decir, y a creer, una mentira y por las personas propagando y creyendo esas mentiras.
En viajar por todo el mundo, he sido parte de varios grupos diferentes y muchas amistades profundas y he tenido la bendición y, a veces, la carga, de observar a las personas de cerca. He visto cómo la verdad libera a la gente; cómo una palabra amable puede causar la desesperada volver a la vida; cómo una frase de animo puede dar a alguien la fuerza para seguir. Y, he visto cuántas veces tratamos de callar lo que no entendemos: de verlo como una amenaza para nosotros; o al contrario, de rehusar hablar lo que sabemos que debemos decir. En aquellos tiempos, permitimos que la opresión continúe; permitimos que la "intolerancia" pueda  etiquetar cualquier voz que no sea la suya y llamar otras opiniones "argumentativo"; "innecesario"; "chisme"; "causante de problemas". Y como siempre ha sido desde el momento en que Caín mató a Abel en lugar de cambiar hasta un grupo de líderes que etiquetó a  Pablo y a Silas como "los que han turbado el mundo; han llegado hasta acá." Esos líderes no estaban basando la demanda contra Pablo y Silas en hechos, sino que la Biblia dice en Hechos 17 que los líderes estaban "llenos de celos y envidia" porque la gente estaba escuchando, y empezando a creer.
Somos bendecidos cuando los hombres hablan falsamente de nosotros por causa de vivir como Jesús: por traer libertad; por amar la verdad; por buscar la vida abundante en El. Si somos perseguidos por ayudar a los necesitados; por seguir la enseñanza de la Biblia; por hacer lo correcto (lo que trae vida, y esperanza, y mantiene la integridad y lucha contra la burla y opresión y el  pecado); somos bendecidos y Dios mismo cuidará de nosotros y consolará nuestros corazones. Hay momentos en que es valentía hablar y no dejar que la oscuridad nos mantiene en silencio: donde vemos a los débiles oprimidos y lastimados, o el control quitando la libertad que Dios nos da como una bendición, debemos tratar de ayudar. Cuando tenemos la libertad de hablar, tenemos que ser valientes para proclamar la fe y mantener la alegría cuando somos "mal entendidos".
  Pero, hablemos con amor; discernimiento que derriba, y critica, y hiere sin hechos que lo respalde, no es el discernimiento, sino envidia y miedo. Fieles son los “golpes” (la guianza) de los amigos, pero que nunca estemos en el lado de "decir falsamente toda clase de mal" motivados por nuestra propia envidia, orgullo o temor de ser heridos. Me entristece porque el que comienza una frase con: "Creo que esta persona es... (Llene el espacio)" sin evidencia, sino una agenda: un intento de "re-tomar" lo que creemos que hemos perdido (prestigio, el centro de atención; un  lugar primordial en el trabajo, o en el ministerio, o en nuestro círculo social). En esos momentos,  etiquetamos, y lastimamos, y con sólo una palabra aislamos a alguien y gente buena, justa, recta, bondadosa sufre en silencio bajo el peso de nuestro temor. Los que están lastimando dicen, “Es que nos están turbando,” y como con Pablo y Silas, damos razón a los que parecen ser victimas sin observar el fruto y pesar a los espíritus (“examinándolo todo, retened lo bueno” Tes. 5:21). En esos tiempos, hay dos extremos: uno es no decir nada para enfrentar a las acciones que causan la opresión (tan pequeño como el sarcasmo y burla ; tan enorme como el juicio opresivo y el control).
 La otra es, sin haber observado el “fruto”, ponemos nuestras etiquetas y exigimos que otros se comporten como nosotros dictamos sin rima o razón en cuanto a lo que es noble o la verdad. Que Dios bendiga a los que están en la batalla trayendo gozo y libertad—en los lugares de trabajo, o en campos lejanos—esparciendo amor, y esperanza, y libertad en Dios. Que Jesús consuele a los que lloran y que traiga ánimo  para los que son acusados ​​falsamente. Que puedan conocer la alegría de seguir los pasos de Aquel que fue acusado falsamente  hasta la cruz para hacer un camino para nosotros conocerle; que esos tiempos de persecución en nuestras vidas acerquen a otros a Dios.
Y que Él nos dé sabiduría en cuanto a hablar y qué decir. Que nunca usemos nuestra libertad o “sabiduría” para sembrar semillas de duda y sospecha; que podamos ser una voz para los que no pueden hablar por sí mismos. Que el corazón de Dios y Sus palabras nos guíen, y que un mundo lastimado puede, a través de nuestras acciones, encontrar un lugar seguro en Él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario