Leí algo,
hoy, que me entristeció y me hizo pensar. En algunas partes del mundo, están poniendo
los rostros de los pastores y los fieles cristianos en la televisión con nada
más una frase, "enemigos del Estado." Entonces son rechazados y
prohibidos entrar en muchos lugares, y los vecinos e inclusivo miembros de la
familia de estos cristianos no quieren tener nada más que ver con ellos
simplemente por una declaración (sin evidencia), "enemigos del
Estado." Estaba triste por estos creyentes, pero a pesar de lo difícil que
la vida puede ser para ellos, yo estaba
aún más triste por otro grupo de personas. Me entristeció por la creciente
tendencia a decir, y a creer, una mentira y por las personas propagando y
creyendo esas mentiras.
En viajar
por todo el mundo, he sido parte de varios grupos diferentes y muchas amistades
profundas y he tenido la bendición y, a veces, la carga, de observar a las
personas de cerca. He visto cómo la verdad libera a la gente; cómo una palabra
amable puede causar la desesperada volver a la vida; cómo una frase de animo
puede dar a alguien la fuerza para seguir. Y, he visto cuántas veces tratamos
de callar lo que no entendemos: de verlo como una amenaza para nosotros; o al contrario,
de rehusar hablar lo que sabemos que debemos decir. En aquellos tiempos,
permitimos que la opresión continúe; permitimos que la "intolerancia"
pueda etiquetar cualquier voz que no sea
la suya y llamar otras opiniones "argumentativo";
"innecesario"; "chisme"; "causante de problemas".
Y como siempre ha sido desde el momento en que Caín mató a Abel en lugar de cambiar
hasta un grupo de líderes que etiquetó a Pablo y a Silas como "los que han turbado
el mundo; han llegado hasta acá." Esos líderes no estaban basando la
demanda contra Pablo y Silas en hechos, sino que la Biblia dice en Hechos 17
que los líderes estaban "llenos de celos y envidia" porque la gente
estaba escuchando, y empezando a creer.
Somos
bendecidos cuando los hombres hablan falsamente de nosotros por causa de vivir
como Jesús: por traer libertad; por amar la verdad; por buscar la vida
abundante en El. Si somos perseguidos por ayudar a los necesitados; por seguir
la enseñanza de la Biblia; por hacer lo correcto (lo que trae vida, y
esperanza, y mantiene la integridad y lucha contra la burla y opresión y el pecado); somos bendecidos y Dios mismo cuidará
de nosotros y consolará nuestros corazones. Hay momentos en que es valentía hablar
y no dejar que la oscuridad nos mantiene en silencio: donde vemos a los débiles
oprimidos y lastimados, o el control quitando la libertad que Dios nos da como
una bendición, debemos tratar de ayudar. Cuando tenemos la libertad de hablar,
tenemos que ser valientes para proclamar la fe y mantener la alegría cuando somos
"mal entendidos".
Pero, hablemos con amor; discernimiento que derriba, y critica, y hiere sin
hechos que lo respalde, no es el discernimiento, sino envidia y miedo. Fieles
son los “golpes” (la guianza) de los amigos, pero que nunca estemos en el lado
de "decir falsamente toda clase de mal" motivados por nuestra propia
envidia, orgullo o temor de ser heridos. Me entristece porque el que comienza
una frase con: "Creo que esta persona es... (Llene el espacio)" sin
evidencia, sino una agenda: un intento de "re-tomar" lo que creemos
que hemos perdido (prestigio, el centro de atención; un lugar primordial en el trabajo, o en el
ministerio, o en nuestro círculo social). En esos momentos, etiquetamos, y lastimamos, y con sólo una
palabra aislamos a alguien y gente buena, justa, recta, bondadosa sufre en
silencio bajo el peso de nuestro temor. Los que están lastimando dicen, “Es que
nos están turbando,” y como con Pablo y Silas, damos razón a los que parecen
ser victimas sin observar el fruto y pesar a los espíritus (“examinándolo todo,
retened lo bueno” Tes. 5:21). En esos tiempos, hay dos extremos: uno es no
decir nada para enfrentar a las acciones que causan la opresión (tan pequeño
como el sarcasmo y burla ; tan enorme como el juicio opresivo y el control).
La otra es, sin haber observado el “fruto”,
ponemos nuestras etiquetas y exigimos que otros se comporten como nosotros
dictamos sin rima o razón en cuanto a lo que es noble o la verdad. Que Dios
bendiga a los que están en la batalla trayendo gozo y libertad—en los lugares
de trabajo, o en campos lejanos—esparciendo amor, y esperanza, y libertad en
Dios. Que Jesús consuele a los que lloran y que traiga ánimo para los que son acusados falsamente. Que puedan
conocer la alegría de seguir los pasos de Aquel que fue acusado falsamente hasta la cruz para hacer un camino para nosotros conocerle; que
esos tiempos de persecución en nuestras vidas acerquen a otros a Dios.
Y que Él
nos dé sabiduría en cuanto a hablar y qué decir. Que nunca usemos nuestra
libertad o “sabiduría” para sembrar semillas de duda y sospecha; que podamos
ser una voz para los que no pueden hablar por sí mismos. Que el corazón de Dios
y Sus palabras nos guíen, y que un mundo lastimado puede, a través de nuestras
acciones, encontrar un lugar seguro en Él.
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