viernes, 5 de septiembre de 2014

Salmo 22:30 Las generaciones futuras le servirán, y hablarán del Señor a la generación venidera.

“Toma mi mano, hija; con mi consejo, te guiaré.
Toma mi mano, hijo; con amor te enseñaré.
Aunque parezca lejos, un día llegará
En que tendrás que seguir sin la voz de tu mamá.
Porque el tiempo es corto; porque un día, me voy,
Hay tanto que quiero decir.  Mi corazón, te doy.
Aléjate del mal; trabaja con la unidad;
Siembra siempre el amor; la paz; camina con bondad.
No te afanes—las riquezas todas perecerán
Y el dolor no dura; las tristezas perecerán.
Aférrate a Dios: El nunca te defraudará
Y, en Sus brazos, mi amor aun así tendrás.
Te amo, mi tesoro; ten ánimo y paz.
Sea fuerte—valiente—seca, ya, tus lágrimas.
Y en la mañanita—mas allá que lo que ves, hoy—

Allí te esperare; ten fe—al Salvador, me voy.”

Ama, te amo.  Todavía, escucho su voz en las mañanas diciéndome, “Ay, mi muñeca valiente; ¡cómo se parece a mi usted!” Sería un honor tener la mitad del amor que tenías latiendo en tu corazón para los demás; tu gozo en las cosas mas sencillas; tu fe de que Dios está en Su trono y todo va a estar bien.  Gracias por tus enseñanzas; por dejarme un ejemplo de valentía, y una mama y 7 tías que buscan de Dios y cuidarnos a todos nosotros; quienes nos acuerdan buscarle a El como tú les ensenaste cuando eran pequeñas.  Te amo.  Feliz día de la madre. 

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