martes, 9 de septiembre de 2014

Valentía Continuado

“He aprendido que la valentía no es la ausencia del temor, sino el triunfo sobre ello.” ― Nelson Mandela
2 Corintios 10:4-5 dice, “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales (terrenales; débiles; dependientes de mi estado de emociones o mis deseos), sino FUERTES en Dios para derribar fortalezas (los lugares donde mi mente se ha “estancado”; lugares en mis pensamientos donde la oscuridad, y el terror, y la opresión se esconden) y los argumentos (esas mentiras que parecen ser tan reales y luchan para que me quede en esos lugares que conozco en vez de esos lugares que traen vida y verdad) y toda altivez y orgullo (terquedad; religiosidad) que se exalta contra el conocimiento de (la intimidad; confianza fe en) Cristo.”
Leí un dicho asombrador, ayer.  August Wildon una vez dijo: “Enfrente los lugares oscuros de ti mismo, y luche para echarlos fuera con iluminación y perdón.  Tu disponibilidad de luchar contra los demonios que te acechan hará cantar a los ángeles que te rodean.” En todos estos versos y dichos, el mensaje es igual.  Hay una lucha que tenemos que pasar si la verdad vencerá a todas las mentiras que nosotros mismos nos decimos. De la infancia hasta los 6 años, todo lo que creemos acerca del mundo llega a solidificarse en nuestras mentes, y llega a ser real a nuestros corazones.  Todo lo que vemos, después, en la vida pasa por este filtro de “conocimiento.”  Por ejemplo, así como aprendemos lo que es “aceptable” en situaciones sociales (“Parase recto”; “Rejunte sus cosas”; “No avergüence a la familia”), aprendemos lo que es aceptable pensar y sentir (“Los niños no lloran”; “No sea ridículo”; “¿Como puede pensar eso?”).
Lentamente, ponemos a un lado cosas como la libertad y la fe, y aprendemos, mas bien, ser cuidadosos y exitosos; aprendemos a sonar “sabios” en nuestro hablar.  Hay algo que decir acerca de no hablar en forma iracunda: por poner a un lado al comportamiento y a las palabras que  pueden lastimar a los demás (la burla; los chismes; los rumores; el odio; la ira).  Pero, mientras que crezcamos en la verdad y el amor, estas cosas naturalmente las alejamos de nosotros: no podemos caminar en libertad y amor—dejando a la Presencia de Dios llenarnos—y no encontrar la tendencia de caminar con otros en el mismo amor y libertad.
Así es que, no estoy hablando, acá, de darnos permiso para ser egoístas, o superficiales, o jactosos o groseros, pero mas bien, de enfrentar a los temores que cultivan esos mismos actitudes en nuestros corazones.  ¿Cuántas personas alrededor del mundo escuchan una y otra vez en sus mentes, “No eres nadie.  Solo haces todo mal.  Nunca encajarás.  Eres tan diferente de todos los demás.  Hay algo malo contigo”?  Somos más duros con nosotros mismos que lo son los demás, y no nos damos cuenta de que la misma voz que permitimos hablarnos todo el día, aunque se siente tan familiar como la nuestra, viene de otro lugar: algo escondiéndose en las fortalezas en nuestras mentes; algo que ha llegado a ser parte de nosotros, pero que, como parásito, tiene que ser vencido y echado fuera.  Esos argumentos—esos temores—esas “fortalezas” donde estamos tan seguros de lo que vemos y “conocemos” son las mismas cosas que nos detienen en ser quienes siempre queríamos ser.  Doctores; abogados; maestros; conserjes; graduados; no graduados; valientes; tímidos: ¿cuán diferente enfrentaríamos a los sueños dentro de nosotros si ya no sintiéramos a los demás mirándonos? Si ya no existiera un temor de fracasar ni de ser “juzgados”…si pudiéramos aceptar al criticismo y dejar que fortalezca nuestros talentos sin causarnos duda acerca de lo que nacimos para ser…¿cuán diferentemente viviéramos nuestras vidas?

Entonces, ¿cómo llegamos a ese lugar?  ¡Luchamos!  “No pase calladamente a esa noche del fin, sino luche; luche contra el vencimiento de la luz.”  Con todo lo que hay dentro de nosotros, tenemos que aprender quien es Dios, y lo que El piensa acerca de nosotros, y empezamos poco a poco hablarnos estas cosas durante del día.  En resistirle al enemigo (quien no es ni de carne ni de sangre), crecemos, y viene un tiempo en que ya no estamos simplemente resistiendo, sino manteniendo; después, no solo manteniendo, sino tomando terreno; después, no solo tomando terreno, sino volando por encima de las circunstancias seguros en la esperanza de nuestro llamado, creyendo que Dios está con nosotros, y que, aún en las fallas, nos hará vencer.  Tenemos que sembrar para poder cosechar…sembrar pensamientos de paz, y confianza, y vida, y gozo, y vendrá un tiempo en que—como cuando éramos pequeños creciendo en nuestras creencias basadas en lo que los demás nos decían—empezaremos creer en nuestros corazones esas “nuevas” verdades que estamos diciendo.  “Todo lo puedo en Cristo quien me fortalece.”  “Soy amado y favorecido.”  “El Creador del Universo conoce mi nombre, y camina conmigo.”  “Aún si mi propio padre y madre me dejaran, con todo esto, El Señor no me dejara.”  “El me está cambiando diariamente en Su imagen; le doy permiso de cambiarme, y trabajo con lo que El pide que haga…no tengo que ‘ayudarle’ con decirle a El que hay que cambiar en mi.” “El amor perfecto echa fuere el temor.”  Su amor es perfecto; siempre será suficiente.
Este es un llamado a “guerrear”; a “luchar”; a “resistir” a las mentiras y conscientemente hablar la verdad: El nos ama.  Todo el temor tiene que huir.  Toda la duda tiene que ir.  Dios nunca nos dejará.  Nunca nos abandonará.  Y eso es todo lo que tenemos que saber. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario