viernes, 12 de septiembre de 2014

Sea Magnificado

Me levanté, hoy, cantando la canción, “Cuando enfrentas a una lucha que despedaza todos tus sueños, y tu esperanza ha sido aplastada por la maquinación del enemigo, y sientes la tendencia de someterte al temor, no dejes que tu fe desaparece en el dolor.  Gloria a Dios.  Puede trabajar en los que lo alaben; gloria a Dios.  En nuestra alabanza habita El.  Gloria a Dios.  Las cadenas que te amarran solo sirven para recordarte que se caen detrás de ti cuando lo alabe a El.   Satanás es un mentiroso y nos quiere hacer creer que somos mendigos cuando sabe bien que somos hijos del gran Rey, así es que levanta tu escudo, porque la batalla hay que ganar.  Sabemos que Jesús resucitó; el trabajo hecho está.  Gloria a Dios.  El trabaja en los que lo alaben.  Gloria a Dios.  Nuestra alabanza habita El.  Gloria a Dios, porque las cadenas que te amarren solo sirven para recordarte que se caen detrás de ti cuando lo alabe a El…Gloria a Dios." 
Entre mas vivo, mas veo que los monstruos que temíamos en nuestros “closets” y debajo de nuestras camas son reales y están alrededor. Son mucho más aterradores de los que pudiéramos haber inventado como niños; están mas cerca y la parte más aterrador es que viven en medio de nosotros.  Y porque muchas veces hasta están DENTRO de nosotros si no ejercemos cuidado—los celos; el egoísmo; la terquedad; la inseguridad; la ira—llega a ser más y más difícil discernir, en veces, lo bueno de lo malo y lo precioso de lo vil entre más viejos y más “cómodos” en nuestras formas de ser nos ponemos con la vejez.  Pero así como son reales los monstruos, también, los héroes: ellos, también, viven entre nosotros, y dentro de nosotros, y los conocemos todos los días: la bondad; la compasión; la misericordia; el perdón; el poner nuestras vidas por los demás sin obligarles hacer lo mismo ni esperar nada a cambio.  Cada día decidimos: vencer a los monstruos o llegar a ser como ellos...como individuos; parejas; familias; iglesias; naciones, y líderes, y cabezas de estado.  Como niños, sabíamos que nada nos podría pasar una vez que los monstruos eran “espantados” del closet, y el área debajo de la cama debidamente inspeccionado; la oscuridad se mantenía alejada, y nos dormíamos en la seguridad de saber que la gente en autoridad sobre nosotros nos mantendrían “a salvos” (por lo menos, en un mundo ideal; se que por muchos, la realidad era otra por las mismas razones explicadas, acá).  Crecemos, y nos olvidamos que lo malo es “malo”, y lo bueno es “bueno”; permitimos al temor crecer y cimentarse en nuestros corazones con cada circunstancia; se nos olvida lo que una vez anhelábamos y creíamos cuando éramos pequeños. 
¿Te puedes acordar de tiempos en tu niñez cuando cantabas en la oscuridad a toda voz?  ¿Te puedes ver agarrado de la mano de alguien a quien amabas, y sentir con esa mano la sensación de estar “a salvo” volver?  ¿O si nunca experimentaste eso, puedes acordar el anhelo de tenerlo, y imaginarlo leyendo estas palabras, acá?  Hay tantas cosas ocurriendo en nuestro mundo.  Viene a mi mente constantemente con la gente que aconsejo y las situaciones donde trato de intervenir en lo que me sea posible.  De Tailandia hasta Tahití, hay peligros, y dolores, y violencia, y opresión—si no en una escala nacional, detrás de las puertas cerradas en casas individuales.  Hay niños abandonados; gente pobre esperando respuestas; gente enferma esperando sanidad; quebrantamiento de corazón; soledad; desesperación tan oscura que sobrepasa la oscuridad que enfrentábamos debajo de nuestras camas infantiles: llega a ser tan “real” en nuestros mundos adultos.  
 Sin embargo, hay una luz. Hay, todavía, bondad.  David (y en otras palabras, Habacuc), enfrentado con situaciones mas graves de las que jamás sabremos—aun en nuestro mundo moderno—dijo, “Pon tu esperanza en Dios, alma mía; aún hay de alabarle.”  De alguna forma, si dentro de nosotros, nos negamos a soltar la creencia en la libertad, y la vida abundante, y la verdad, y no dejemos que se apague nuestra luz; si seguimos creyendo que Dios es bueno, y que no nos dejará, Su amor es un manto que nos rodea y nos calienta sin importar cuan fuerte sopla el viento frio afuera.  Aunque lloramos, y lamentamos las “perdidas”, nos damos cuenta de que no estamos solos; hay una Mano sosteniendo la nuestra manteniéndonos “a salvo” no importa lo que el día trae.  Como los niños, podemos levantar nuestras voces y alabarle a El; podemos magnificarlo y confiar en El hasta que esa confianza trae paz a nuestras mentes y nos muestra un plan de acción.  Y cuando no hay ninguna acción que se puede tomar—ningún “camino” que seguir—podemos esperar en Sus brazos sabiendo que El aún es bueno.  El ha vencido la oscuridad.  El ha creado un mundo que este mundo no puede tocar, y nos ha prometido llevar allí un día.  Podemos ser como el pueblo de Hebreos 11 quienes, a pesar de toda amenaza de violencia, se aferraban de un mundo que saludaban a la distancia y encontraban valentía cuando no había valentía que encontrar. Dijeron plenamente que eran ciudadanos de un Reino no destruible; aún en perder las vidas de ellos por hablar de la Verdad y la Vida, ganaron. Su legado todavía nos habla.  Los monstruos de ese tiempo no pudieron apagar la luz que esa gente tan valiente nos demostró y así, también, somos si nos negamos a doblarnos ante el temor y la desesperanza.  Que nosotros, también, amemos con todo lo que hay en nosotros; que sembremos bondad, y benignidad, y libertad, y enfrentar a las tinieblas.  Y que el mundo escuche, cada día cuando reposamos en nuestras camas, una canción.  Con voces que tal vez tiemblan, pero no dejan de cantar ni de confiar en Aquel que nos formo, que nos acostemos cada noche alabando a Su Nombre.  El es bueno.  El está con nosotros.  El HA Ganado.  Y ESO nos da la valentía al día siguiente para volvernos a levantar.  

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